Hasta hace un par de horas no he llegado a casa. Lo de cobrar las horas extra va a ser, como sucede habitualmente, que no. No le da, por lo visto al comisario para firmarlas. Es que, según rumores, tener que derivar dinero público para pagarse a la “amiguita” que se ha traído de un país de esos bastante cálidos, hace que no tenga dinero para otras cosas. Pero no vayamos a hablar de rumores ni suposiciones.

Supongo que os interesará saber de qué iba la reunión con Germán y Juanvi, esos dos niñatos, reconvertidos en inspectores por designio divino. Porque algunos sabemos que son compañeros porque, si no fuera así, darían más miedo que otra cosa. Cuerpos marcados por un uso abusivo del gimnasio y clembuterol. Mente acorde con esos cuerpos…

Después de la comida y aún con digestión llamo a la puerta del despacho de ese par. -Abre -dice una voz que no consigo asociar con ninguno de los dos. Es que, al igual que me sucede con el teléfono, creo que estoy pillando algún tipo de sordera de esas raras. Y no será por el exceso de uso de cascos ni abuso de noches de juerga. Que esté soltero; oficialmente divorciado de una mujer que me ha dejado por la vecina de abajo, no hace que sea más proclive a montarme juergas nocturnas. Menos aún cuando ya hace bastantes años del asunto.

Entro y me encuentro a Juanvi sentado encima de la mesa mientras, extasiado mirando la voluta de humo de su cigarro, se encuentra Germán. Ya, todos sabemos que está prohibido fumar en el lugar de trabajo pero, vamos a ser sinceros, ¿quién se atreve a denunciar a sus propios compañeros? Más aún en un despacho donde, al final, los únicos que entran son ellos y el corrupto de nuestro comisario.

-¿Nos puedes echar una mano?-me pregunta Juanvi sin ningún tipo de prolegómeno. Nos han recortado desde hace meses el especialista en informática y, como eres el que mejor se le da el asunto, necesitamos a alguien que consulte ciertas cosas. 

Asumir que le tomen a uno por informático por tener un blog de viajes o una cuenta activa en Facebook, con algunos seguidores de la página que he montado, ya cansa. Tampoco voy a decirles que no. A lo mejor me dan un poco de emoción, después de los últimos días de monotonía de carteras robadas, vecinos ruidosos y atestados por furmarse algún porro en medio de la calle.

-¿En qué puedo ayudaros? -respondo de forma más o menos neutra. 

Me comentan que se han producido dos violaciones muy parecidas esta noche y un asesinato que, por lo visto, está relacionado con una de las víctimas de violación. Que si podría hacer una visita a las redes sociales del fallecido y las violadas. Que si me importaría que me trasladaran puntualmente para echarles una mano…

Va a ser que ya tengo nuevo curro para mañana. Eso sí, sin uniforme. Por lo visto no les gusta trabajar con uniformados. Dicen que es un atraso en pleno siglo XXI. Que ya les jode lo de tener que ir con pantalones largos y no poder aparecer con bermudas. Estamos hablando de un julio, de esos más calurosos de los últimos años, en una ciudad muy gris.

No me apetece escribir más. Mañana ya os contaré más detalles. Ahora estoy muerto de sueño. Y si mañana me tengo que pasar las horas pegado a una pantalla, mejor descansar los ojos unas horas. Así que sin serie ni visita a esas amigas que me he agenciado últimamente, cierro por hoy.